El otro día vi a una madre mayor caminando con su hija.
Iban despacio.
La madre con dificultad, la hija sujetándola con ternura.
Esa imagen me acompañó días enteros.
Y de ahí nació esta carta.
No habla de teoría ni de espiritualidad.
Habla de lo que ocurre cuando estás con alguien,
pero no estás del todo.
De esa distracción silenciosa que, sin darnos cuenta,
se convierte en una forma de abandono.
“Presencia” es una carta íntima, honesta, y quizá incómoda.
No pretende dar lecciones.
Solo mostrar lo que pasa cuando uno aprende —demasiado tarde— a mirar de verdad.