Soy empresario.
Tengo varios negocios que funcionan. Contrato gente. Despido a menudo. Hago acuerdos. Optimizo. Invierto lo que sobra.
Y eso genera más dinero.
Hasta aquí nada que no te pueda contar cualquiera que haya emprendido y marche más o menos bien.
Lo que nadie te dice es que cuanto más arriba estás en esa pirámide, más silencio hay a tu alrededor y más difícil es encontrar a alguien que te diga la verdad a la cara sin querer algo a cambio.
Bien.
Te voy a contar una cosita.
El mundo de la empresa me mola.
No por el dinero, que también.
Sino porque tiene algo que otros ámbitos de la vida no siempre tienen:
ACCIÓN
Me encanta cuando algún dueño de negocio me escribe y me dice:
Tío, me encantaría contarte lo que está pasando en mi empresa a ver si me puedes ayudar.
Y no es que me encante por ego.
El ego aquí no pinta nada.
Que alguien te escriba para pedirte un cable solo quiere decir una cosa:
ya has pasado por donde él está.
Me encanta porque tras la charla, la persona suele aplicar algo de lo hablado.
Y su negocio mejora.
No porque tenga una inteligencia suprema.
Sino porque ya pasé por ahí.
A eso me refiero con ACCIÓN.
A veces estas cartas que escribo me generan una sensación agridulce.
Te cuento por qué.
El usuario medio hace lo siguiente:
Abre el email el domingo.
Si le pilla más o menos despierto, hace clic en el enlace.
Lee la carta.
Se queda pensando unos segundos.
Y sigue a su rollo.
Ahí no hay ni un puto cambio.
Hay reflexión, un cambio instantáneo de visión.
Pero nada más.
¿Y sabes por qué?
¿Sabes cuál es la diferencia con el mundo de la empresa?
Que el empresario, si no se pone las pilas, quiebra.
Y el lector medio de estas cartas, si no se pone las pilas, no quiebra.
Simplemente sigue incómodo.
Jodido en su incomodidad, pero sin quebrar.
Estas cartas nunca te cambiarán la vida.
Porque nunca harás nada después de leerlas.
Seguirás con tu vida incómoda sine die,
esperando que la siguiente carta te toque algo que lo cambie todo.
No te engañes. Nada cambiará.
Solo te darán un momento fugaz de lucidez y segundos después volverás a tu modo mental habitual.
Pero el empresario sí lo hace.
Por eso no quiebra.
Por eso prospera.
Y tú ya sabes qué tendrías que hacer.
Lo sabes perfectamente.
Pero no lo harás.
Por eso, solo por eso, jamás prosperarás.
Feliz domingo.
Bobby
P.S.:
Si tienes un negocio y quieres contarme qué está pasando, escríbeme. A veces solo hace falta alguien que te diga la verdad a la cara.
P.S.2: No cobro por esto. Solo me gusta hablar con gente que ya está en acción.
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